Cada 23 de junio, el mundo celebra el Día Olímpico. La fecha conmemora la fundación del Comité Olímpico Internacional en 1894, pero su sentido más contemporáneo apunta a algo más amplio: reivindicar el deporte como derecho universal, como práctica que transforma vidas, como herramienta de inclusión social y llega con una pregunta que nos interpela directamente: ¿cuánto puede cambiar la vida de un joven o una joven cuando el deporte se convierte en un espacio de desarrollo integral?
En el marco de la Cartera Olympism365 “Deporte, Educación y Medios de Vida” -impulsada por el COI, liderada por Fundación SES e implementada junto a 70 socios activos en América Latina y Europa – venimos trabajando en los últimos años entendiendo al deporte como un espacio para el aprendizaje de habilidades y competencias que impactan en las trayectorias educativas y en las oportunidades de inclusión laboral de las juventudes.
Los números son elocuentes, según los datos del Sistema de Monitoreo y Evaluación que mide impactos con una línea de base y una de egreso de las y los participantes, más de 50.000 jóvenes participaron en los programas de la Cartera hasta diciembre de 2025. Pero los números, solos, no alcanzan. Lo que más importa es qué cambió en esas vidas.
El 84,9% de los jóvenes evaluados reportó un aumento en la valoración hacia la práctica deportiva. El 85% mostró mejoras en habilidades blandas aplicables a su vida personal, social y laboral. El 94,9% mejoró sus capacidades para la búsqueda de empleo.
La formación de educadores y formadores fue otra dimensión central de este trabajo. Más de 4.200 educadoras y educadores iniciaron programas de formación; el 77% los completó. El 94,2% mejoró sus conocimientos vinculados al deporte para el desarrollo, y el 85,5% fortaleció sus habilidades pedagógicas. En un contexto donde los referentes adultos son claves para la construcción identitaria de los jóvenes, esto no es un dato secundario: es la garantía de que el impacto se multiplica.
El Día Olímpico nos invita a movernos. Nosotras y nosotros lo entendemos también como una invitación a pensar colectivamente qué condiciones hacen posible ese movimiento: quién tiene acceso al deporte, en qué contextos, con qué acompañamiento. La evidencia acumulada en estos años nos confirma que cuando el deporte se diseña con intención transformadora, cuando se articula con educación, salud, género e inclusión laboral, sus efectos van mucho más allá de la cancha.
Porque moverse, para muchos jóvenes con quienes trabajamos, no es solo una cuestión de salud física. Es la posibilidad de pararse diferente en el mundo.





