“Algo le está pasando a mi generación. Algo se rompió. Este tiempo nos dejó sin aire, sin descanso, sin futuro”. La frase, dicha por Ofelia Fernández, se hizo viral porque sintetiza algo que late en miles de jóvenes: un malestar profundo, cotidiano, estructural.
La precarización se volvió el clima de época. El trabajo juvenil aparece fragmentado, desprotegido y muchas veces organizado “a pedido”, en un régimen donde la incertidumbre ya no es la excepción, sino la norma.
Este escenario tiene consecuencias directas en la salud mental. La mezcla de ingresos inestables, sobrecarga de tareas y falta de descanso produce estrés crónico, ansiedad y agotamiento afectivo. No es solo la precariedad del salario: es la pérdida de soberanía sobre el propio tiempo, la sensación de que el futuro está bloqueado.
Las desigualdades de género agravan aún más la situación. La carga de cuidados que recae sobre adolescentes y mujeres jóvenes se traduce en trayectorias educativas y laborales más cortas, más intermitentes y peor remuneradas, mayor probabilidad de empleo informal y menos tiempo disponible para formación, descanso y vida comunitaria. Y en las juventudes travestis, trans y no binarias, la exclusión es casi total.
Frente a esta realidad, la pregunta “¿dónde están las juventudes?” desarma el viejo estereotipo del “ni-ni”. Lejos de no hacer nada, la mayoría transita una hiperactividad fragmentada: changas, cuidados, estudios que van y vienen, activismos, trabajos con alta rotación, búsquedas permanentes de estabilidad afectiva y material. No falta actividad: falta reconocimiento y condiciones dignas.
Desde Fundación SES creemos que es necesario pensar y crear una política de juventudes que implique una infraestructura que garantice el acompañamiento psicosocial, el apoyo a la continuidad educativa y a las transiciones al mundo laboral, espacios de escucha, de creación cultural y de cuidados comunitarios, con perspectiva de género e interseccional.
Construir comunidad y garantizar vidas vivibles es una tarea intersectorial e intergeneracional que debemos darnos para que el presente ya no sea pura precariedad y podamos imaginar horizontes colectivos que nos convoquen, entusiasmen y cobijen.



