Martes 29, Octubre 2019

Creer en la política. Una generación que viene a derrumbar prejuicios.

En épocas de elecciones, crisis políticas en toda la región, las juventudes se organizan, se manifiestan y forman parte de las listas a cargos públicos. En Chile, en Brasil, en Catalunya, las juventudes tienen “algo” que decir, se hacen escuchar y silencian más de una vez a adultos y adultas. En Argentina, contamos con Ofelia Fernández, la candidata a legisladora de 19 años. Todo un signo de época.

Fundación SES entrevistó a estudiantes de escuelas secundarias para hablar de política, para conocer cómo es la política en la escuela y cómo la piensan.

“La política es el mejor lugar para transformar y modificar las cosas de la sociedad que no nos gustan que son injustas” así lo piensa Mateo Turné de 18 años y Secretario de DDHH de la escuela Julio Cortázar del barrio de Flores de la Ciudad de Buenos Aires.

“Yo milito principalmente porque creo en una patria mejor “dice Joaquín Alonso de 14 años, estudiante del Colegio Carlos Pellegrini de la misma ciudad y militante de Oktubre, agrupación política estudiantil.

La perspectiva de la política en los y las jóvenes que participan activamente en ella, no se reduce al espacio escolar o institucional. Conciben un sentido amplio de la política que parte principalmente de la lectura o análisis de lo “cercano”.

Mateo cree en “su” escuela y la describe como una escuela de “cercanía” que piensa y conoce a sus estudiantes. Cree que la escuela se debe “movilizar” “sensibilizar” por su comunidad. “No nos da lo mismo como escuela que se incendie un hotel a cuatro cuadras por más que vivan o no vivan estudiantes del colegio, o que persigan a los vendedores migrantes senegaleses que están buscando hacer un mango para vivir”, haciendo alusión a episodios sucedidos recientemente en el barrio de Flores.

Joaquín tiene un malestar crónico: la desigualdad. “Me gusta mucho la política en el sentido de que me permite militar por un mundo más justo y menos desigual”, y luego ejemplifica “Me da bronca que el curso de ingreso (al Pellegrini) termine siendo una especie de filtro social el cual genera que la gente con más posibilidades económicas pueda entrar más allá del potencial académico de la gente sin estas posibilidades”.

Mateo resalta, “es muy injusto que el 10 % de la población tiene más del 50 % de las riquezas mundiales, esto nos lleva a organizarnos”.

¿Pero qué pasa con los y las jóvenes que no piensan cómo ellos?

“Muchos y muchas jóvenes no participan porque no se sienten representado/as porque no encuentran ahí un lugar para modificar las cosas”, dice Mateo. Joaquín, por su parte dice “no somos todo lo mismo. A veces quienes no conocen piensan que todas las agrupaciones son lo mismo”.

A pesar de las diferencias políticas e ideológicas, las agrupaciones estudiantiles no sienten “la grieta” que se ha instalado en otras latitudes de la política nacional. “Estamos en espacios distintos, pero está todo bien” “No entramos, ellos ganaron, pero los vamos a acompañar” son las frases que circulan cuando se preguntan por las internas, los espacios y las agrupaciones dentro del mundo de la política estudiantil.

Mateo concluye con una análisis muy alentador de un escenario crítico “Estos años se nos recortaron derechos: se desarticuló el Conectar Igualdad y disminuyó la implementación de la ESI. Pero para nosotros y nosotras esto nos impulsó a organizarnos más, a salir a las calles, a crecer como espacio estudiantil, sobre todo en Buenos Aires y eso es bueno”.

Sin dudas, estamos frente a una generación que nos ayudará a pensar y hacer las cosas distintas, nos invitan a desarmar paradigmas y despojarnos de prejuicios. Sería otro error histórico perdernos esta oportunidad.